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Los grandes trabajos no son hechos por la fuerza, sino por la perseverancia (Samuel Johnson)

Los caracteres chinos se originaron en China hacia el año 2700 antes de cristo y su escritura llegó a Japón aproximadamente en los siglos IV y V después de Cristo adaptándolo a su propio lenguaje. Los ideogramas de la izquierda signfican “camino de la escritura”: caligrafía.

Más que una técnica estamos hablando de un arte de más de 3000 años; El conocimiento de la caligrafía es un paso importante en la comprensión de la cultura japonesa. No es un mero ejercicio de escribir bien, es una combinación de habilidad y de imaginación. Más aún, es una filosofía. Los tratados de caligrafía suelen compararlo con la meditación, y aconsejan para su práctica escoger un momento y un lugar tranquilos y tener una disposición de ánimo adecuada, sin estar demasiados cansados y con una actitud relajada para sumergirnos en este mundo especial de negro sobre blanco. Ya la preparación de la tinta (una barra que hay que ir deshaciendo con agua durante unos 20 minutos), la disposición de los diferentes accesorios y nuestra forma de sentarnos colaboran en esta liturgia de ir preparando nuestra mente para abandonar los problemas y las preocupaciones cotidianas, para disfrutar en este nirvana tan particular

Los estudiantes japoneses aprenden las técnicas básicas de la caligrafía en la escuela elemental; incluso algunos de los alumnos más mayores acuden a academias nocturnas, o en fines de semana para mejorar su técnica. Los japoneses aprecian enormemente la belleza y la dificultad de una buena caligrafía y frecuentemente hay concursos entre los estudiantes, a nivel nacional para competir entre ellos.

Existen diferentes estilos: el Kaisho, más formal y con caracteres precisos, organizado y riguroso; el pincel sigue el movimiento “Stop-move-stop” en la realización de los trazos. Gyosho o semicursiva, se escribe más rápido y desestructuradamente, siendo la forma más libre y menos restringida y el movimiento rítmico y fluido. Sosho, “estilo hierba” el pincel baila sobre el papel dejando líneas muy finas, con un trazo ininterrumpido que muy pocos son capaces de entender. Reysho: estilo “clerical” y refinado, ocupando el kanji un espacio rectangular más que cuadrado. Y por último Tensho: solemne, estructurado y utilizado para escribir los sellos para firmar, según unas reglas formales determinadas.

Los distintos elementos y accesorios para escribrir son:
Bunchin: pequeñas pesas ornamentales que colocadas sobre el papel impiden que este se mueva.
Fude: pincel, de diferentes modelos y categorías.
Suzuri: piedra sobre la que se prepara la tinta,
Hanshi: el papel, especial para caligrafía y con un grado de absorción determinada y
Sumi (tinta).
Se coloca algo de agua y la tinta (una especie de cartucho sólido) se va mezclando y raspando hasta conseguir la densidad adecuada; esta preparación, que dura unos 20 minutos, hace las veces de ritual, ayudando a tener un estado mental adecuado. Existen estuches muy bonitos con todos estos elementos incorporados que se pueden encontrar en algunas tiendas especializadas en arte, pintura, etc y también en Internet algunas empresas comercializan estos equipos.

También es importante, como podréis imaginar, la forma de sentarse y la manera de coger el pincel. La postura tiene que ser relajada, pero con la espalda recta, la mesa a la altura del estómago y la mano libre suavemente sobre el papel (también es posible sentarse de rodillas, en una mesa baja, aunque para un no japonés pueda resultar incomodísimo). El pincel sujetarlo con los dedos índice, pulgar y corazón, por el medio de su longitud más o menos, perpendicular con el papel. Más que mover la muñeca, el movimiento es global, de todo el brazo y el codo debe “volar” sobre el papel.

Una vez que tenemos todo preparado podemos empezar a practicar este arte tan introspectivo, en el que el pincel debe ser una prolongación de uno mismo. Yo, que soy un simple principiante y un aficionado os puedo asegurar que es tremendamente complicado. Los occidentales nos encontramos ante un verdadero problema: es difícil de comprender que unos trazos que se tardan en realizar apenas unos segundos encierren tanta dificultad y tanta complejidad, unos trazos escritos de una vez, sin correcciones posibles, sin que quepa ninguna milimétrica equivocación. Intentad escribir con un pincel normal y con tinta china uno de los trazos básicos, el horizontal. ¿Parece fácil verdad? Puedes tirarte semanas hasta que te salga bien. Y ese es el problema: BIEN no quiere decir más o menos. Y un Kanji completo debe tener además un ritmo determinado, las líneas curvas delicadas y con movimiento, equilibrio y armonía entre el blanco y el negro y para terminar, las distancias entre los distintos kanjis debe ser constante, y el kanji debe ocupar más o menos el espacio de una cuadrado perfecto. Pero hay que tener paciencia y no desanimarse. Como dice un proverbio chino: “Un viaje de mil kilómetros empieza por un paso” y la frustración de ver como una simple línea, en apariencia tan sencilla no nos sale ni por asomo puede ser nuestro peor enemigo. Si muchos de vosotros sois estudiantes de japonés ya os habréis dado cuenta de que la constancia y la perseverancia son más decisivas que la inteligencia o la genialidad. ¿Cómo si no se pueden estudiar 2000 kanjis? A este respecto, aunque no es necesario saber japonés ni los kanjis y sus significados, y se pueden copiar directamente de un modelo yo soy partidario de que es preferible saber escribir japonés y conocer, cuantos más kanjis mejor; el placer obtenido y la satisfacción es mayor si los kanjis que estás escribiendo los has estudiando, conoces su significado y forman parte de tu vocabulario.

Una vez practicados los trazos básicos se puede seguir con “la eternidadei. Este idiograma contiene estos trazos básicos e introduce el sentido del ritmo y del equilibrio; escribirlo mientras el codo y todo el brazo se desplazan sobre el papel, gracilmente y sin brusquedades, introduciendo un “tempo” de “parar-continuar-parar” dentro de un todo.

Se continuará gradualmente con otros kanjis de más complejidad, sentencias de varios kanjis... Ánimo y mucha contancia.

Los trazos básicos aprendidos en la caligrafía son los mismos que los utilizados en el arte de pintura a tinta o Sumi e, siendo considerados de alguna forma como “artes gemelas”. La preparación de la tinta y muchos de los elementos que vimos en la caligrafía como la postura y la manera de sujetar el pincel son los mismos. Por descontado que hablamos también de una actitud cercana a la meditación, un ambiente introspectivo y unas determinadas condiciones previas tanto psicológicas como ambientales. Es más: algunos artistas consideran el sumi e una forma de meditación. Hay una sentencia japonesa que simboliza esta dimensión espiritual y esta disposición de ánimo necesaria previa al hecho de escribir caligrafía o pintar sumi e: Kokoro tadashikereba sunawachi fude tadashi “Si tu corazón (espíritu) está bien, el pincel será bueno”.

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